viernes, 3 de junio de 2011

PUNTO DE VISTA

Filiberto Vargas Rodríguez

Y si no gana, arrebata


Son dos municipios insignificantes. Entre los dos no alcanzan ni los 30 mil votantes.

No representan ninguna ventaja estratégica. Sólo se trata de dos municipios en los que no supieron hacer las cosas y un tribunal federal ordenó que se repitieran las elecciones.

Fueron apenas 53 casillas entre los dos municipios –Coxquihui y José Azueta- y ni las autoridades electorales, ni los partidos políticos, y tampoco el gobierno estatal, pudieron brindarle a los ciudadanos un proceso pacífico, transparente y democrático.

¿Qué nos espera, entonces, en el 2012?

En José Azueta, donde el conteo preliminar le dio el triunfo al candidato panista Agustín Martínez Gamboa, este miércoles, a realizarse un conteo “voto por voto” a petición del PRI, se dieron tales irregularidades que afloró la violencia y salieron a relucir machetes y armas de fuego.

El propio candidato panista, Agustín Martínez, así como el secretario general del PAN en el estado, Hermann Ortega, son parte de un grupo de 30 militantes de ese partido que fueron secuestrados por una horda de priistas que vigilaban la casa donde se refugiaron, machete en mano.

Y el responsable de preservar el orden en la entidad, el encargado de evitar que las pasiones políticas se desborden, el subsecretario de Gobierno Erick Lagos Hernández, se escondió tras su escritorio y permitió que fueran los machetes y las pistolas los que resolvieran este conflicto.

Está también, por supuesto, la versión priista, que a través de su dirigente estatal, Héctor Yunes Landa, acusa al PAN de “reventar” el conteo de votos en José Azueta, al percatarse de que perdían la ventaja.

Yunes Landa señaló a los panistas de agredir a militantes priistas “porque en el conteo íbamos ganando por 14 votos”.

En Coxquihui también se dieron irregularidades y amenazas contra autoridades electorales.

¿Por qué llegar a estos extremos?

¿Dónde está la vocación democrática y la civilidad del órgano electoral?

¿Cualquiera puede violentar las urnas?

¿Dónde están las fuerzas del orden, que juraron que eran capaces de mantener la calma en esos dos municipios y que no hacía falta la presencia del Ejército Mexicano o la Policía Federal?

Hoy Veracruz es ejemplo de intolerancia, de machismo político, de mapachería y del predominio de las más añejas y desprestigiadas prácticas de coerción.

Todavía resuena en los oídos de los veracruzanos la versión difundida la noche del pasado domingo:

“Con los comicios extraordinarios para elegir ediles en los municipios de José Azueta y Coxquihui, los veracruzanos dimos de nueva cuenta una muestra de madurez cívica y estatura política que se tradujo en una gran participación ciudadana en las urnas”.

No sólo eso:

“Corresponde ahora a las autoridades electorales validar la elección y determinar el resultado, pero independientemente de ello, sin temor a equivocarme puedo asegurarles que el triunfador de esta elección fue Veracruz”.

Las palabras de quien gobierna la entidad desde el primero de diciembre del 2010.

El remate del comunicado oficial no tiene desperdicio:

“La elección extraordinaria de José Azueta y Coxquihui no fue una elección pequeña sino un gran ejercicio democrático que demostró nuevamente la fortaleza de las instituciones de Veracruz y la responsabilidad de los veracruzanos”.

Una más:

“Sólo en una sociedad democrática en donde los ciudadanos elijan libremente a sus autoridades, se podrá consolidar el desarrollo y la prosperidad”.

Lo bueno es que no les importa el “qué dirán”, de lo contrario esta noche no podrían dormir.