Del escritorio de Leonardo
Por Leonardo ZALETA.
Recientemente, la UNESCO otorgó a la danza de los voladores el título de Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, lo que constituye un honor y un reconocimiento al rito prehispánico con que estos pueblos celebran el equinoccio de primavera en el amplio territorio del Totonacapan, y en algunas otras partes de Mesoamérica.
Esta danza adquirió celebridad en los tiempos modernos cuando fue admirada por el público internacional que asistió a la feria internacional de Nueva York a mediados del siglo pasado. La cuadrilla comandada por Isidoro García Bernabe tuvo una destacada participación. Después Isidoro Stakú se consolidó con la participación como danzante en la película cinematográfica “Sombra Verde” estelarizada por el galán Ricardo Montalbán en 1953, filmada en esta ciudad vainillera.
Por Leonardo ZALETA.
Recientemente, la UNESCO otorgó a la danza de los voladores el título de Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad, lo que constituye un honor y un reconocimiento al rito prehispánico con que estos pueblos celebran el equinoccio de primavera en el amplio territorio del Totonacapan, y en algunas otras partes de Mesoamérica.
Esta danza adquirió celebridad en los tiempos modernos cuando fue admirada por el público internacional que asistió a la feria internacional de Nueva York a mediados del siglo pasado. La cuadrilla comandada por Isidoro García Bernabe tuvo una destacada participación. Después Isidoro Stakú se consolidó con la participación como danzante en la película cinematográfica “Sombra Verde” estelarizada por el galán Ricardo Montalbán en 1953, filmada en esta ciudad vainillera.
Diariamente se puede admirar esta danza ejecutada por distintos grupos en la zona arqueológica de Tajín. Es común ver antes del vuelo que un danzante pasa entre el público solicitando una cooperación voluntaria. A regañadientes unos dan, otros o.
El gobierno del estado, el municipal, los organismos autóctonos y los medios de comunicación has venido festinando el rimbombante título concedido por la Organización de las Naciones Unidas, que involucra a más de un centenar de grupos de danzantes de la región agrupados en la Unión de Danzantes y Voladores, el Grupo Tutunacú y el Kosnín, además de otros cuatro grupos libres. Cada uno cuenta con un caporal o jefe, y un mínimo de seis danzantes.
Según ha trascendido, los danzantes van a recibir un apoyo consistente en algunos metros de tela (color rojo, por supuesto) para que se manden elaborar sus trajes y para que adquieran sus botines. Magro respaldo, mezquina generosidad.
Lo que no se sabe hasta la fecha, y eso es preocupante, es quien les va a otorgar “seguro popular” o médico; seguro de vida, ya que su ejecución implica riesgo para sus vidas; protección jurídica y asesoría legal para la firma de contratos de prestación de servicios con los que se amparen laboralmente, y en los cuales se garanticen sus honorarios, transporte, alimentos, hospedaje, además de otras condiciones como la plantación del palo volador o el tubo metálico que es una ceremonia especial y representa un esfuerzo adicional; qué honorarios van a cobrar cuando sean filmados para una película o documental, se explote o no comercialmente; los tiempos y gratificaciones cuando concedan entrevistas para radio o televisión, los servicios de un traductor cuando su salida al extranjero lo requiera, etc.
Un contrato de trabajo debe considerar también, el anticipo a cuenta de honorarios, las condiciones de seguridad del árbol o el terreno donde deberán presentarse, la cláusula respectiva en caso de cancelación del contrato, y gastos por accidentes de trabajo, y de traslado en caso de un fatal accidente.
¿Quién los apoya en sus gastos funerarios, o en su vejez que debe ser digna después de proclamar con orgullo y maestría a nivel nacional e internacional la tradición de los hombres que vuelan? ¿Están condenados a bailar a las puertas de las cantinas de la región solicitando con mal disimulo una limosna a los parroquianos o a los turistas?
Un ingreso adicional que los integrantes de esos grupos folclóricos han encontrado, es la venta de artesanías al margen de sus labores profesionales: figuras de vainilla, aromatizantes y licores, flautas y tambores, ropa, postales, abanicos, collares, libros y fotografías, entre otros productos, además de convertirse en repartidores de folletos de promoción turística cuando se les proporcionan, aunque éstos son de distribución gratuita. Es preciso garantizar y fortalecer esta actividad para beneficio de su economía.
Por otra parte, ¿quién califica la calidad del espectáculo? ¿Quién regula a los grupos folclóricos en su trabajo profesional? ¿Cualquier grupo puede autonombrarse “de voladores”? ¿No hay un directorio donde se registren los grupos, donde se consigue en nombre del jefe o responsable, su domicilio, su antigüedad? ¿Quién establece el monto de los honorarios?
Se dan casos frecuentemente de grupos que compiten deslealmente con sus compañeros escamoteando los contratos, mediante la rebaja de sus honorarios a fin de ser preferidos por los clientes. ¿No hay sanción o una reglamentación adecuada?Lo que no se sabe hasta la fecha, y eso es preocupante, es quien les va a otorgar “seguro popular” o médico; seguro de vida, ya que su ejecución implica riesgo para sus vidas; protección jurídica y asesoría legal para la firma de contratos de prestación de servicios con los que se amparen laboralmente, y en los cuales se garanticen sus honorarios, transporte, alimentos, hospedaje, además de otras condiciones como la plantación del palo volador o el tubo metálico que es una ceremonia especial y representa un esfuerzo adicional; qué honorarios van a cobrar cuando sean filmados para una película o documental, se explote o no comercialmente; los tiempos y gratificaciones cuando concedan entrevistas para radio o televisión, los servicios de un traductor cuando su salida al extranjero lo requiera, etc.
Un contrato de trabajo debe considerar también, el anticipo a cuenta de honorarios, las condiciones de seguridad del árbol o el terreno donde deberán presentarse, la cláusula respectiva en caso de cancelación del contrato, y gastos por accidentes de trabajo, y de traslado en caso de un fatal accidente.
¿Quién los apoya en sus gastos funerarios, o en su vejez que debe ser digna después de proclamar con orgullo y maestría a nivel nacional e internacional la tradición de los hombres que vuelan? ¿Están condenados a bailar a las puertas de las cantinas de la región solicitando con mal disimulo una limosna a los parroquianos o a los turistas?
Un ingreso adicional que los integrantes de esos grupos folclóricos han encontrado, es la venta de artesanías al margen de sus labores profesionales: figuras de vainilla, aromatizantes y licores, flautas y tambores, ropa, postales, abanicos, collares, libros y fotografías, entre otros productos, además de convertirse en repartidores de folletos de promoción turística cuando se les proporcionan, aunque éstos son de distribución gratuita. Es preciso garantizar y fortalecer esta actividad para beneficio de su economía.
Por otra parte, ¿quién califica la calidad del espectáculo? ¿Quién regula a los grupos folclóricos en su trabajo profesional? ¿Cualquier grupo puede autonombrarse “de voladores”? ¿No hay un directorio donde se registren los grupos, donde se consigue en nombre del jefe o responsable, su domicilio, su antigüedad? ¿Quién establece el monto de los honorarios?
Hay que auspiciar escuelas y talleres para danzantes. Y aquí es encomiable la labor que realiza el señor Alejandrino García con su grupo de niños voladores desde hace algunos años, y que a la fecha han adquirido prestigio nacional a base de dedicación y amor a la tradición.
Don Alejandrino ahora se dedica a la venta de artesanías en el Tajín, auxiliado por sus familiares. Fue víctima de un accidente en la ciudad de Papantla hará unos seis años, cuando como caporal estaba a punto de iniciar la danza sobre el tecomate. Cayó al suelo y quedó paralítico. Un empresario farmacéutico de Poza Rica lo ayudó proporcionándoles las medicinas gratuitamente, pero en términos reales muy poca gente lo socorrió, sus compañeros alegando pobreza se desatendieron, y las autoridades esquivaron su responsabilidad y solidaridad.
No obstante, hay entre sus vecinos, amigos y uno que otro danzante, quienes le prestan auxilio con lo que pueden, pero la cruda realidad es que él ve cómo se las arregla. Anclado a su silla de ruedas, se mantiene como instructor al frente del grupo de niños voladores sin recompensa pero con el mismo entusiasmo de hace más de 15 años. Hay que verse en ese espejo.
Don Alejandrino ahora se dedica a la venta de artesanías en el Tajín, auxiliado por sus familiares. Fue víctima de un accidente en la ciudad de Papantla hará unos seis años, cuando como caporal estaba a punto de iniciar la danza sobre el tecomate. Cayó al suelo y quedó paralítico. Un empresario farmacéutico de Poza Rica lo ayudó proporcionándoles las medicinas gratuitamente, pero en términos reales muy poca gente lo socorrió, sus compañeros alegando pobreza se desatendieron, y las autoridades esquivaron su responsabilidad y solidaridad.
No obstante, hay entre sus vecinos, amigos y uno que otro danzante, quienes le prestan auxilio con lo que pueden, pero la cruda realidad es que él ve cómo se las arregla. Anclado a su silla de ruedas, se mantiene como instructor al frente del grupo de niños voladores sin recompensa pero con el mismo entusiasmo de hace más de 15 años. Hay que verse en ese espejo.
Es coautor de un libro, con disco compacto anexo, empresa para la que recibió el ánimo e impulso del periodista pozarricense Ramón Rosas Caro, que ya está a la venta y tiene un donativo de recuperación de cien pesos.
Sobreponiéndose a su infortunio, celebra que su danza (a la que ama y por la cual estuvo a punto de perder la vida) haya sido considerada patrimonio cultural intangible de la humanidad. Titulo rimbombante que no da para comer.
Sobreponiéndose a su infortunio, celebra que su danza (a la que ama y por la cual estuvo a punto de perder la vida) haya sido considerada patrimonio cultural intangible de la humanidad. Titulo rimbombante que no da para comer.